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Reportaje a Juan José Sebreli

Revista de la Liberación, año 2, nº 3, primer trimestre de 1964, págs. 12-14.

Published onOct 28, 2020
Reportaje a Juan José Sebreli

Revista de la Liberación, año 2, nº 3, primer trimestre de 1964, págs. 12-14.

Porque la formación de la vanguardia de la clase obrera nos parece el problema central en esta etapa de la lucha política (es decir cultural, es decir ideológica). Porque esa. formación (que supone la uni-dad de los intelectuales y la clase obrera) es -como señaló Gramsci-"de ninguna manera algo mecánicamente dado, sino un devenir histórico"; y porque a este proceso (que comenzó en 1930, hizo crisis en el 45 e inició su culminación en 1958) se ligan: la agudización de la crisis de la burguesía (encubierta super estructuralmente por medio de una farsa "democrática" basada en el fraude) y la radicalización en las luchas de la clase obrera (a partir, especialmente, de la toma de fábricas) pensamos que el país atraviesa una etapa especial en su camino al socialismo. Etapa a la que sólo una perspectiva verdaderamente revolucionaria, que decida la formulación de tácticas no en función de la actitud de la burguesía, sino de los fines del proletariado, interpretará (transformará) con justeza.

De lo económico a lo cultural el país padece la misma crisis. Referirse a un campo específico supone -no bien se profundice el análisis-encontrar la relación de ese campo específico (en nuestro caso el cultural) y el resto de la estructura del país; el origen común de los males; la misma solución. La necesidad de la- vanguardia aparece, entonces, como el problema común a todo el ámbito de la realidad en esta Argentina de 1963. Allí nuestra urgencia por plantearlo en esta sección de la revista como un medio más de intentar "la definitiva ligazón de los intelectuales argentinos con el pueblo-nación". De que hablábamos en el número anterior porque la vanguardia es (lo ha dicho Gramsci) "el crisol de la unificación de teoría y práctica, entendida como proceso histórico real". La única posibilidad efectiva de transformar el país. De construir (también ) una cultura nacional.

JUAN JOSE SEBRELI: nació en Buenos Aires en 1930. Colaboró en Centro y Contorno, etc. Con un ajustado criterio metodológico desentrañó la ambigüedad interna del pensamiento de Martínez Estrada en "Martínez Estrada, una rebelión inútil", Palestra, 1960. Se encuentra en prensa su último libro: "Buenos Aires: ciases sociales y vida cotidiana".

1.—Si la “creación" de una cultura marxista no pue-de ser una aventura individual sino el trabajo en común de toda una generación" (J. J. Sebreli. El escarabajo de oro, N9 4 , ¿cómo entiende Ud. ese "trabajo en común"? La relación es generacional o política?

—Resulta sintomático que una revista marxista de gran nivel teórico como Pasado y presente, echando una mirada hacia atrás no encuentre intento más serio para estructurar una relación ideológica con la realidad nacional, que el realizado por Contorno. Esto confirma lo que ya dijimos en otra ocasión, que las nuevas perspectivas que se han abierto en nuestro país, la agitación del adormecido medio intelectual, la formación de un nuevo público que hoy hace posible la existencia de revistas como Pasado y presente o Liberación, inconcebibles en épocas no muy lejanas cuando la izquierda tradicional era la ferviente propagadora del desvaído liberalismo "Mayo-Caseros", se debe casi exclusivamente a la labor de lo que se ha dado en llamar la "izquierda independiente argentina".

La indigencia ideológica de la izquierda tradicional explica, por otra parte, la total confusión de donde debió emerger este núcleo de intelectuales nacidos alrededor de 1930 y que comenzaron a escribir hacia 1950 desde las posiciones más alejadas de la izquierda. Con-viene recordar al respecto que, fue alrededor de Murena, en la redacción de Sur y de la efímera Las ciento y una, donde nos conocimos muchos de los que luego seríamos colaboradores de Contorno. Precisamente Rodríguez Monnegal utilizó para definir a esta generación, un término acuñado por Murena -parricidas-, hoy totalmente inadecuado.

En el número anterior de Liberación, Ud. ha señalado, refiriéndose también a ese núcleo de intelectuales, que no los unió "una perspectiva generacional". Conviene hacer algunas consideraciones al respecto, no hay efectivamente una constante generacional, porque las experiencias fueron muy variadas. Me parece por eso abusiva, la denominación de "generación traicionada", ya que algunos de los que, pertenecemos a ella no nos sentimos traicionados por una causa a la que no adherimos. En tanto que algunos seguían todavía considerando como precursores a Martínez Estrada, Murena y aún al propio Mallea, y se proponían como tarea para las nuevas generaciones llevar hasta sus últimas, consecuencias las ideas que aquellos supuestamente habrían traicionado o abandonado (recordar el único acto público de Contorno, la conferencia de Viñas en Los Independientes, 1954), otros comenzábamos ya entonces, una crítica a los ídolos que habían fascinado nuestra candorosa adolescencia, descubriendo en ellos un ambiguo pensamiento de derecha, sólo más sutil, ingenioso y sugestivo que el de la derecha tradicional y que prosperaba gracias a :la falta de atractivo que ofrecían las izquierdas esclerotizadas. Este cambio no se debió tan sólo a que las primeras lecturas de Hegel y Marx nos habían puesto en posesión de un auténtico método de conocimientos sino, y sobre todo, a las transformaciones •o-dales a que asistíamos: la irresistible presencia de la clase obrera interviniendo por primera vez en la vida pública del país, proceso en cuya apreciación coincidíamos, aunque por otras razones, con ciertos sectores marginales de los partidos, quienes, aún con errores y exageraciones, intentaban una renovación y vivificación de la izquierda. En una apasionada autocrítica publicada en Marcha en 1959, Viñas que cinco años antes nos expulsara cordialmente de Contorno, junto a Oscar Masota y Carlos Coreras, acusados de "desviacionismo peronista", reconoce que "pocos, muy pocos, recurrieron a otras razones para explicar lo que ocurriría. Sebreli en algún artículo esquemático y certero, a veces Masotta o Correas cuando agredían nuestro idealismo o ciertos grupos trotskistas con experiencia sindical". En esos mismos pocos, permanecíamos nuevamente solos, como tristes aguafiestas en medio de la absurda euforia del 58, en tanto los demás miembros de Contorno se aprestaban a jugar el papel de filósofos de Estado, dedicados a explicar, justificar y tal vez inspirar la nueva etapa de! reformismo democrático-burgués: era necesario aprovechar la oportunidad que se había perdido con el peronismo ,pensaban, sobre todo cuando ahora, el papel más .destacado no le tocaría a la clase obrera sino a la juventud universitaria. Es obvio agregar que los miembros activos del frondizismo decididos a actuar según las circunstancias, no tardaron en desprenderse de estos embarazozos ideólogos conceptivos quienes, a medias inocentes y a medias culpables, sufrirían la 'traición" de un ideal que, sin embargo, nunca -había estado inscrito en la realidad objetiva sino tan sólo en sus con-ciertas subjetivas. Después de 1958, la realidad enfrentándonos con una problemática ineludible, nos había hecho marxistas a todos. La tendencia de un pensamiento no se debe al azar, está indisolublemente ligado a la historia política y social del país: la experiencia peronista, para unos, la traición del frondizismo, para otros, junio a procesos internacionales, como la revolución cubana e- la pluralidad de los socialismos, fueron los flectores decisivos para que una generación de transición encarara la crítica a la vez del liberalismo y de la izquierda tradicional y asentara las bases, con todas las contradicciones e inconsecuencias que caracterizan a los precursores de un nuevo pensamiento de izquierda, viviente y creador.

2. El pensamiento marxista "abierto" al que Ud. (y nosotros) atribuye tanta importancia, ¿debe entenderse en el país como "abierto" a las corrientes liberales ,a la tradición Mayo-Caseros"?

—No, no, de ningún modo. Por el contrario es el marxismo oficial ortodoxo el que paradojalmente se abre a las corrientes liberales, a la tradición Mayo-Caseros.

Por 'marxismo abierto" no entendemos, de ninguna manera, un nuevo revisionismo, una componenda entre el marxismo y cualquier otra ideología, un término me--dio tan de gusto pequeño burgués, tomando "lo bueno de un lado y de otro descartando lo malo de ambos". Se trate eso sí de rescatar los aportes más enriquecedores de disciplinas, surgidas en medios burgueses y hasta ahora aisladas del marxismo, que pueden resultar excelentes como material de trabajo aunque insuficientes desde el punto de vista ideológico, no para realizar con ellas una combinación ecléctica sino para subordinarlas a la totalidad. dialéctica e histórica del :marxismo, dentro de la cual sólo pueden ser etapas transitorias. To-memos, por ejemplo, la sociología. Hay implícito en Marx, una sociología enriqueciendo la teoría económica que lamentablemente no ha sido desarrollada por sus continuadores, salvo intentos aislados como el de Lefebvre en su Crítica de la vida cotidiana, aunque ésta se reduce, por ahora, al aspecto metodológico y programático, y el grandioso esfuerzo de Sartre en su Crítica de la razón dialéctica todavía inconclusa. Más aún ciertos marxistas esquemáticos y dogmáticos, desconfiando de la sociología —por tratarse de una ciencia subordinada en su origen al evolucionismo positivista de Cocote y tomada por el reformismo como un sustituto de la dialéctica— la abandonan a los sociólogos de derecha, quienes la utilizan para. ocultar el carácter esencial de las clases, y desligarla de todo contenido histórico y de toda base económica. Sólo unos pocos creadores individuales dentro de la sociología norteamericana pero influenciados evidentemente por el marxismo —Veblen, Mumford y sobre todo Wright Milis— son rescatables, lo mismo que el brasileño Gilberto Freyre de quien, pese a sus ideas frecuentemente reaccionarias, pueden aprovecharse muchos elementos. Me he extendido sobre el terna de la. sociología porque, en estos momentos, estoy preparando un trabajo precisamente de sociología aplicada al marxismo, sobre las clase sociales y la vida cotidiana en la ciudad de Buenos Aires.

Lo que hemos dicho de la sociología es válido con respecto a la sicología, al sicoanálisis -ya José Blejer entre nosotros ha trabajado en ese aspecto-, a la sociología social, a la antropología social y cultural y a muchas otras investigaciones de carácter empírico, a las que es necesario desligar de las insuficientes bases filosóficas en que frecuentemente se sustentan. La verdadera tradición del marxismo creador no está en barrer, por motivos políticos con la cultura burguesa en su totalidad -ya que es la única cultura existente has-ta ahora-, sino en asimilarla con el debido instrumental crítico. 'Resulta llamativo al respecto que las pro-posiciones del marxismo abierto coinciden con las de aquellos comunistas a quienes menos se puede acusar hoy de "revisionismo ideológico", cuando propugnan "dejar que surjan flores de muchas especies, que compitan diversas escuelas de pensamiento" a fin de despertar el entusiasmo por la libre creación entre los intelectuales y enriquecer, de ese modo la incipiente cultura socialista.

Resulta aún más llamativo que, precisamente, quienes califican la apertura del marxismo en el plano intelectual, de "rey-Monismo" sean los mismos que, en el plano político formulan preposiciones tan flagrante-mente reformistas y revisionistas, como la toma del. poder por la clase obrera en un país dependiente del imperialismo corno el nuestro, principalmente "por vías pacíficas, sin excluir la acción parlamentaria (sic), esto dicho después de la experiencia del 18 de marzo de 1962. Es así como quienes se muestran tan intransigente cerrados a las formas más avanzadas del pensamiento contemporáneo, se abren en cambio al caduco liberalismo finisecular, a la chirle tradición de Ma-yo-Caseros, que durante años impidiera el surgimiento de un auténtico pensamiento de izquierda entre nosotros. Comprobamos, de eso modo, que el dogmatismo ideológico de nuestros marxistas oficiales ortodoxos ni siquiera es consecuente consigo mismo, no es más que una forma vacía de todo contenido, una apariencia ilusoria de rigidez e inflexibilidad tras la cual se oculta el más blando y claudicante de los oportunismos.

3.— Ud. atribuye el "auge del marxismo en nuestros días" al trabajo de los intelectuales "independientes". No cree que eso (cierto en su.. aspecto ideo-lógico cultural) es negativo en el campo político en tanto los desliga del proletariado dejando (a la ciase obrera) en la "indigencia teórica y práctica'?

4. — Es posible para un intelectual, sin organizarse políticamente, dejar de interpretar el mundo y colaborar en transformarlo?

5. — A qué atribuye Ud. "la existencia (en el país) de un pensamiento al margen de una organización política".

6.— Entiende posible (necesario) la integración de esa "izquierda independiente" en una perspectiva política organizada? En qué condiciones, de qué modo?

—E1 dilema de ¡intelectual de izquierda en nuestro país consiste en que, admitiendo que la única forma de lucha eficaz es la adhesión al Partido revolucionario, debe reconocer, al mismo tiempo, que ese Partido, en las actuales circunstancias, no existe de ningún modo. Lo sabemos todos muy bien, y algunos, además, lo decimos. Otros prefieren permanecer silenciosos y reticentes en alguna organización burocrática que diga re-presentar los intereses ideales de un proletariado con el que no se tiene en realidad ningún contacto. Se justifican a sí mismos atacando el individualismo anárquico, la tendencia invariable "típicamente pequeño-burguesa", a la rebelión y a la desorganización de nosotros, los intelectuales sin partido. Pero la única tendencia invariable de la pequeño burguesía es precisa-mente no tener tendencia invariable: existen numerosos ejemplos también muy típicos en los que la mentalidad pequeño burguesa lleva al intelectual, por el contrario, a una suerte de anti-intelectualismo masoquista, a un renunciamiento de la propia voluntad y de las propias opiniones para acatar ciegamente una supuesta voluntad colectiva, tal el caso de los populistas rusos del siglo pasado que predicaban la absorción del intelectual en las masas campesinas, o de los discípulos del evangelismo tolstoiano. Por lo que, tanto el desorden, como la obediencia pasiva y la sumisión mecánica pueden expresar de igual modo a la mentalidad pequeño burguesa.

A esos intelectuales de partido se les ha convencido de qué su misión es subordinada, que deben reducirse a explicar y justificar sin cuestionar más, las órdenes impartidas desde arriba por los funcionarios de un omnipotente Comité Central que piensa y decide por todos. Muy lejos estamos de los tiempos en que eran precisamente los intelectuales quienes dirigían el proceso político: Marx, Engels„ Lenin, Rosa Luxemburgo, ha-cían la historia y al mismo tiempo la interpretaban, no existía para ellos el dilema actual entre el intelectual y el Partido.

La realización del socialismo no es de ningún modo incompatible con la libertad de análisis y de crítica, con el espíritu marxista de contestación, con la, negatividad en el sentido hegeliano, de la crítica social, no es posible seguir sosteniendo tal antinomía después de la triste experiencia del stalinismo, pero aún admitiendo la necesidad de adecuar el pensamiento a da eficacia política, ¿qué autoridad, qué derecho tiene un Partido para exigir obediencia ,cuando carece de toda influencia sobre las masas y de toda perspectiva revolucionaria? En esas condiciones, el intelectual sin partido no tiene por qué avergonzarse demasiado de su aislamiento, ya que tal vez resulte más eficaz su labor de esclarecimiento ideológico: las charlas de los Enciclopedistas en los salones, terminaron al fin, con la toma de la Bastilla, y el propio Marx prefirió en ocasiones, su labor de teórico a la de político práctico, por ejemplo cuando la Liga Comunista se escindió en dos fracciones hostiles. Por otra parte, la experiencia histórica nos muestra que las revoluciones de los pueblos coloniales y semicoloniales -Argelia y Cuba- son movimientos de masas totalmente ajenos y a veces hasta en oposición a los viejos partidos de la izquierda tradicional.

Conocemos, por supuesto, la tentación permanente que acecha al intelectual sin partido: los llamados del "imperialismo categórico", la moral subjetiva, la buena conciencia, las buenas intenciones que sirven para dormir en paz, el "alma bella". Nosotros denunciamos, precisamente, a este tipo de intelectual, cuya figura más representativa es, en nuestro país, Martínez Estrada: criticar a todo el mundo, conservando el mundo que se critica pues la realización de las críticas lo dejarían sin su razón de ser que es criticar o lo obligarían a emprender la crítica. del nuevo mundo. Parecería pues no haber mas opción que entre las ilusiones de una exclusión o una integración absolutas, entre el idealismo moral negándose a toda forma de compromiso, o el realismo político pretendiendo que nunca es posible hacer lo que se quiere. Existe sin embargo, otra opción y es la de que, cada uno de los "francotiradores," en lugar de retirarnos con nuestra verdad inmaculada a lo alto de la montaña -que para el caso también puede ser la isla feliz-, nos reconozcamos en otros "francotiradores" -y ya somos bastantes-, unamos nuestras soledades dispersas y formemos un movimiento real de intereses, una acción común, aceptando algunas cosas que no nos gustan para poder modificar otras, resignándonos a que nuestras "ideas" se corrompan por la acción, sólo lo imprescindible, como para poder comenzar a ser eficaces.

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