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Varias vidas del escritor Ricardo Piglia: los diarios, la película, el hombre

GIANERA, Pablo. “Varias vidas del escritor Ricardo Piglia: los diarios, la película, el hombre”, Diario La Nación, Buenos Aires, 29 de agosto de 2015

Published onNov 09, 2020
Varias vidas del escritor Ricardo Piglia: los diarios, la película, el hombre

La aparición de sus apuntes y el estreno simultáneo del documental 327 cuadernos, de Andrés Di Tella, despliegan los recorridos del autor de Respiración artificial.

Hay un enmascaramiento muy típico de la ficción: hablar de otro para hablar de sí mismo. Pero ese enmascaramiento, que habilita el lugar común de leer “la vida en la obra”, resultó siempre poca cosa para Ricardo Piglia . Aunque en realidad tal vez no sea una simple diferencia de cantidad. Piglia decidió hablar de sí mismo como si fuera otro. El desplazamiento va de la tercera persona que nombra a una primera hacia una primera persona que nombra a una tercera, que se solapa con la primera. En lugar de hacer usar la vida para la ficción convirtió su propia vida en una ficción en la que nadie sabe dónde empieza (o termina) la ficción, y dónde empieza (o termina) la vida. El primer volumen de Los diarios de Emilio Renzi, cuyo origen eran sus propios diarios, corona ese desplazamiento. En el capítulo “En el umbral”, que abre el libro, el narrador habla de Renzi en tercera. Pero Renzi se junta con amigos en El Cervatillo, y no hay quién haya tratado a Piglia que no charlara con él alguna vez en ese bar de Arenales y Riobamba.

La operación se transparenta también en 327 cuadernos, la película que Andrés Di Tella hizo a partir de esos diarios. Piglia, que todavía pasaba en limpio sus cuadernos, dice allí que duda sobre si publicarlos con su nombre o con el de su personaje. “Sería darle mi vida a Renzi.” Finalmente, le regaló a él la vida entera.

El estreno de la película de Di Tella llega en un momento bastante particular. Los libros de Piglia fueron saliendo con grandes lapsos entre ellos. Pero la aparición, con sólo tres años de diferencia, de las novelas Blanco nocturno y el El camino de Ida fueron una excepción, que después la publicación de su Antología personal , de La forma inicial. Conversaciones en Princeton y del primer volumen de los diarios convirtieron en norma. Que la película de Di Tella (el 5 de septiembre) se estrene simultáneamente en Malba y se emita en la TV Pública confirma la regla. Tal vez la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) que padece el escritor precipitó las publicaciones y los premios (el 25 le entregarán el Formentor, que recibirán por él Beba Eguía, su mujer, a quien están dedicados los diarios, y la nieta de ella), aunque en verdad es la emergencia de un trabajo de años.

Pero volvamos al principio. ¿Quién es realmente Emilio Renzi? En el cuento “La loca y el relato del crimen”, incluido ahora en Nombre falso, se lo define así: “Le interesaba la lingüística pero se ganaba la vida haciendo bibliográficas en el diario El Mundo: haber pasado cinco años en la Facultad especializándose en la fonología de Trubetskói y terminar escribiendo reseñas de media página sobre el desolado panorama literario nacional era sin duda la causa de su melancolía, de ese aspecto concentrado y un poco metafísico que lo acercaba a los personajes de Roberto Arlt”. Renzi reúne en una sola vida las varias vidas de Piglia -las que vivió y las que pudo haber vivido- y esa reunión es la que hizo posible el “laboratorio” que son los diarios, y El laboratorio del escritor fue uno de los títulos en los que había pensado.

327 cuadernos se inicia con imágenes de un viaje. Es el que llevó en la infancia a Piglia de Adrogué a Mar del Plata. Una de esas vidas posibles había quedado atrás. Con esa vida perdida empezó acaso, hacia 1957, la del escritor. Los diarios son el documento de ese principio. Muchos años después, Piglia reconocería su modelo formal. “El diario es una suerte de experimentación continua con la experiencia, con la forma, con la escritura.” Piglia se refiere al diario de Gombrowicz, pero podría estar hablando también del propio.

Hace tiempo, el escritor dijo que estaba abierto a pensar “experiencias” en las que la forma del diario circulara de otras maneras. Ya Gerardo Gandini, con quien colaboró en La ciudad ausente , había escrito sus propios Diarios para piano, a partir de la idea de los diarios de su amigo. Otra de esas experiencias fue con el artista Eduardo Stupía, que derivó en un libro y en una muestra en la galería de Jorge Mara. Hay aquí algo muy significativo. Stupía advirtió enseguida que no se podía ilustrar el diario de otro, y que en todo caso la única ilustración posible sería el correlato de una experiencia con la forma.

Di Tella se agrega a esa genealogía en la que el diario de Piglia puede continuarse más allá de las palabras. De ellos, toma su principio formal. El director empezó a filmar cuando Piglia dejó Princeton para volver a Buenos Aires. Desembala su biblioteca y con ella los cuadernos. Así como en esas páginas de letra indescifrable hay anécdotas sueltas, escenas de la infancia, recortes, Di Tella recurre a footages impersonales, porque los recuerdos de uno podrían ser también los de cualquiera. Allí donde Stupía podía trabajar con el collage, Di Tella lo hace con el montaje.

Pero nada deja huellas más profundas en un sujeto que la historia vivida como intimidad y la experiencia de la enfermedad. 327 cuadernos refleja el cambio de coloración de los diarios de Piglia/Renzi: que la experimentación sobre la forma es una experimentación sobre sí mismo.

Tres preguntas al director del documental

-¿Qué decidió que empezaras con el registro de los diarios?

-Andrés Di Tella: -Coincidimos en Estados Unidos en 2012, cuando él volvía a Buenos Aires. Yo había pensado en hacer un diario cinematográfico, un poco como Jonas Mekas. Se lo conté a Ricardo, a quien conozco hace treinta años, y él me dijo que su gran tarea era ahora revisar sus diarios. Ya habíamos hecho un documental obre Macedonio Fernández y nos pusimos con esto.

-¿Cuánto se modificó el trabajo sobre la marcha?

-A veces él también dudó de la idea. Pero no es un documental sobre Piglia. Es sobre un hombre que tienen encerrado su pasado en 327 cuadernos. Es un símbolo de alguien que pelea con su memoria.

-Después de que se le declarara la enfermedad a Ricardo, ¿pensaste en abandonar la película?

-Sí. Entre otras cosas, porque no es una película que se planteara en el principio, como Nick’s Movie, de Wenders. Fue algo que se presentó y que tuvimos que enfrentar. En la película aparece la vida. ~


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