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Minga

Prólogo. DI PAOLA, Jorge. Minga!, Fondo de Cultura Económica, Ciudad de México, 2012

Published onOct 06, 2020
Minga

Una tarde de 1957 en un bar en Tandil, un oscuro escritor europeo que ha ido a descansar a ese pueblo serrano se reune con un grupo de jóvenes y cuando anota su nombre en una papel, Jorge DiPaola, que tenía en ese momento diez y seis años, anuncia: ¡Ferdydurke!. Lo había leído, era “ un lector en la pampa salvaje”, como señala Gombrowicz, que no olvida ese momento y vuelve varias veces a él en su Diario Parece una escena de iniciación. igual a tantas que hay en la literatura; sin embargo en este caso la situación está cambiada.

No es Roberto Arlt que lee la primera novela de Onetti y lo autoriza a publicarla, no es Borges que edita el primer cuento de Cortázar: aquí es el joven quien descubre y legitima al escritor desconocido. Sin ese cruce fortuito otra hubiera sido la fortuna de Gombrowicz que encontró ahí un grupo de admiradores que lo darían a conocer a las nuevas generaciones, y por supuesto otro hubiera sido el destino literario de DiPaola sin las conversaciones y las cartas intercambiadas durante años con el autor de Cosmos.

La lealtad –y la gratitud- de Gombrowicz hacia ese inesperado lector tiene su réplica en la celebración jubilosa y los sutiles toques gombrowcianos de la prosa de Minga! La presencia del maestro polaco es discreta y dinámica [en la novela] y se percibe sobre todo en la felicidad de la escritura; no hay influencia ni signos visibles, solo hay radiaciones, ecos, sonidos, diálogos brillantes y sobre todo risas (tan escasas en nuestra lúgubre literatura).

Una teja que vuela en medio de una tormenta le corta el cuello a un amigo en una playa de Rio de Janeiro y pone en marcha la trama de la novela; el pie izquierdo desnudo de otro amigo sobresale de la cama y encandila a una muchachita provinciana: estos son algunos de los fragmentos –o las esquirlas - que han sobrevivido al big bang de aquel encuentro en Tandil.

Situada en un territorio fantasmal y pampeano, Minga! narra las aventuras de Pablo von Paulus, un profesor de matemáticas que ha perdido el rumbo e irrumpe (se materializa, como un extraterrestre en un comic), en un bazar de un pueblo de campo junto al mar. En el negocio hay ropa de playa, un gato, una gallinita de cristal y una muchacha con un martillo que de inmediato capturan el interés del héroe: su odisea será un viaje por una red de acontecimientos microscópicos, de lugareños taimados y de explosivos átomos de ficción.

Pablo está extraviado, pero desde el comienzo las mujeres lo protegen y lo ayudan a orientarse. Son atractivas, son sagaces: Natacha, Maria-Maria y Malena se convierten en los anhelados puntos de referencia del joven que se mueve sin dirección por el confuso territorio donde se ha perdido. Torpe, desaliñando, encantador, levemente demente, el héroe tiene la capacidad de atraer a las mujeres que se interesan por él de inmediato, pero también se cansan y tratan de evitarlo para no caer bajo la atracción de este frágil Casanova.

Son ellas las que conocen el sentido del mundo y saben de qué se trata: aceptan sin sorpresas el azar, la sin razón, la irrisión, la incertidumbre y el caos contra los que lucha Pablo mientras busca una brújula, un mapa o una teoría que lo preserven del desorden del mundo.

Minga! es una novela romántica, la novela del amor inconstante, una elegía al canto seductor de las sirenas y un relato sobre la fascinación de las mujeres. El que intercede en esos idilios, el tercero en esta trama de equívocos y pasiones rápidas, es el que narra la historia (el Autor como se lo llama en el libro) que está siempre presente aunque es invisible.

Si el arte narrativo consiste en vincular una historia a un narrador, esta novela es un ejemplo magistral de ese vínculo. En Minga! la conexión está tematizada y abarca las actitudes posibles que puede adoptar un narrador frente a una intriga.

Aquí, el novelista analiza, razona, delira, se asombra, intercede, se asusta, y una de las magias del libro reside en sus comentarios, sus deslices y sus cambios de registro, La clave de la mejor narrativa contemporánea, decía Nabokov no es ya el interés por la trama, o la identificación con los personajes, sino la fascinación del lector por la inteligencia del que narra la historia.

En Minga! la escritura –o el estilo si se prefiere- es una condensación tan clara del estado de gracia y de la destreza narrativa de su autor que al leerla nos convencemos de que una novela tendría que ser siempre como esta: rápida, divertida, inventiva, lúcida, luminosa.

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