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Entrevista a Ricardo Piglia

SIN AUTOR. “La esfinge. Entrevista a Ricardo Piglia”, Babel. Revista de libros, Buenos Aires, Año 3, Nº 21, diciembre de 1990, pp. 36-38

Published onOct 15, 2020
Entrevista a Ricardo Piglia

Ricardo Piglia (Temperley, 1943) ejerce un tácito mayorazgo en los alambrados campos de la república de las letras. Ausente consuetudinario del fixture social, su producción es una referencia constante o una expectativa consensuada. Los volúmenes de cuentos (La invasión, Nombre falso, Prisión perpetua) y la novela protoclásica Respiración artificial constituyen la orilla ficcional de una obra cuya ribera crítica está sedimentada en largas estadías de Piglia en universidades norteamericanas. Los escritores de esos pagos, estos pagos, las deudas de la historia y Macedonio y Arlt están entre sus fervores más notorios. Las mollejas, los chistes de la gauchesca y una novela maquinista siempre inminente revistan entre los menos notos.

1) ¿Qué fue lo primero que escribió?
— Lo primero que escribí fue un relato de trescientas palabras que se llama “La honda”, lo escribí en el ‘61 y está publicado en La invasión.

2) ¿Recuerda cuáles fueron sus motivos?
— Estaba leyendo In our time y había quedado totalmente enganchado con el tono medio esquivo de esos cuentos de Hemingway. Hacía minimalismo posalcohólico a la Carver pero sin darme cuenta. Uno empieza y ya está en una tradición (aunque esa tradición todavía no exista). El relato cuenta la historia de un obrero que delata a unos chicos, de modo que el tema viene de Arlt.

3) ¿Quién fue su primer lector?
— Tenía un amigo norteamericano que vivía en Mar del Plata y él fue el primero que leyó lo que yo escribía.

4) ¿Cuáles fueron los primeros comentarios que recibió sobre esos textos?
— Los primeros comentarios vienen siempre de los otros escritores que están empezando y con los que uno constituye una secta de conspiradores que se reúne y se muestra los textos mientras vela las armas antes de la primera batalla contra el establishment. Lo mejor que escribí en esos años fue “Las actas del juicio”, un cuento de 1964 sobre la muerte de Urquiza, en aquel entonces me veía mucho con Miguel Briante y me acuerdo de que la noche en que yo le leí ese relato, él me leyó “La vasca” y el comentario implícito era que nosotros éramos lo mejor que le había pasado a la narrativa, argentina desde el debut de Eugenio Cambaceres.

5) ¿Conserva algún rasgo de aquella escritura?
— Digamos que de entrada aprendí que hay que contar una historia como si se estuviera contando otra. Por ejemplo, escribir la historia de una delación como si se estuviera contando un picnic. (O a la inversa).

6) ¿Qué estaba leyendo en ese momento?
— Literatura norteamericana. Durante años pensé que sólo se podía narrar en inglés. La literatura norteamericana me parecía la literatura universal en un solo idioma. Com- binan el rigor formal con el melodrama: ésa es una tradición que viene de Poe y llega hasta Purdy. El Gatsby de Fitzgerald es un ejemplo. Un historia melodramática, deliberadamente vulgar, con una construcción técnica muy sutil, casi perfecta. En el fondo el gran tema de la literatura norteamericana es siempre la lucha del artista con la experiencia. Eso sirve para entender a Bukowski, a Hemingway, a Henry Miller. pero también a Walker Percy y a William Gaddis.

7) ¿Cómo accedió a sus primeras lecturas?
— Hay un sistema de contagio y de predestinación en la historia de las primeras lecturas. Un texto lleva a otro como si uno rastreara las huellas de un caballo perdido. Una referencia de Hemingway me hizo leer a Isak Dinesen y una referencia de Isak Dinesen me hizo leer a Carson McCullers y una referencia de Carson McCullers me hizo leer a Osamu Dazai. Las primeras lecturas son un oráculo: ahí está cifrado el futuro de lo que se va a escribir, pero uno lee otra cosa. Lee los relatos, los tonos, el modo de empezar una historia. Call me Ishmael. Los mejores comienzos son siempre sencillos.

8) ¿En qué idiomas lee?
— En la lengua en la que escribo y también en inglés, en francés, en italiano, en portugués (a Machado de Assis). Leo muchísimas traducciones. En realidad las novelas nacieron para ser leídas en traducción. Ya el Quijote trata de eso. El género fue creado para resistir el cambio de lengua. Siempre me acuerdo de un ensayo excelente de Virginia Woolf centrado en la paradoja de que todos los ingleses (o sea los integrantes del grupo de Bloomsbury) consideraban con razón a La guerra y la paz de Tolstói como la mejor novela que jamás se ha escrito y sin embargo todos la habían leído en traducción. (Por eso la novela es un género popular, puede ser leída literalmente por todo el mundo. La poesía en cambio sólo puede ser leída en el original. En realidad sólo se puede apreciar la poesía escrita en la lengua materna del que lee).

9) ¿Qué autores tuvieron más importancia en su formación?
— Las cosas se complican un poco, porque no siempre los que tienen mayor influencia son los más importantes. Por ejemplo Pavese fue un escritor importantísimo para mí. Lo leía como si fuera un escritor norteamericano, que además escribía un Diario. Pavese usaba un tono norteamericano (el tono de James Cain como él mismo reconoce) para narrar historias que siempre he admirado (como “La casa en la colina” o “La campera de cuero”). El oficio de vivir fue un libro clave para mí: la conexión entre teoría y narrativa norteamericana (y el Diario como forma), ya está ahí. Encontré lo mismo en Bertolt Brecht, que también fue un gran escritor de Diarios y un “norteamericano” (las novelas policiales, el Jazz, el box, la ciudad, el cine, el estilo antisentimental) además de un vanguardista. En un sentido yo diría que Brecht ha sido el autor más importante en mi formación. (La prosa de Brecht sobre todo y su escritura teórica.) Tiene una conciencia de la forma que va más allá de la literatura.

10) ¿Cuál es su poeta favorito?
— José Hernández. Quiero decir, es el único poeta al que he admirado sin condicionamiento ninguno a lo largo de mi vida, desde los doce años, cuando me lo leía mi viejo, hasta hoy, esos versos que están siempre en la memoria y que siempre son otros. (“Ninguno me hable de penas, porque yo penando vivo, y naides se muestre altivo, aunque en el estribo esté, que suele quedarse a pie, el gaucho más alvertido”. Fierro siempre tiene razón, hay una prestancia en el tono que no falla. “Ansí es que al venir la noche, iba a buscar mi guarida, pues ande el tigre se anida, también el hombre lo pasa”.) Me gustaba cuando era chico y cuando tenía veinte años y me gusta ahora y me va a gustar hasta el día que me muera. No creo que pueda decir eso de ningún otro poeta.

11) ¿Cuándo y dónde se encuentra con escritores?
— Depende, en general en los bares, cuando ya no hay nada que hacer. Pero mis relaciones fundamentales con los escritores son telefónicas, estoy todo el tiempo postergan- do citas. Hay que usar el teléfono como una radio portátil pera transmitir al exterior y recibir noticias. (Lo fundamental, por su. puesto. es no moverse, estar quieto.)

12) ¿Tiene amigos escritores? ¿Quiénes son?
— En un sentido los escritores nos hacemos amigos para poder Icemos. De modo que tengo muchos amigos escritores, con los que me he estado viendo, en distintas épocas, a lo largo de los años. Miguel Briante. David Viñas. Manuel Puig, Andrés Rivera. Noé Jitrik, Osvaldo Tcherkaski Juan losé Saer, Juan Carlos Manini, Alberto Laiseca, Luis Gusmán. Algunos de ellos han sido mis amigos de toda la vida. con las intermitencia que son de estilo.

13) ¿Tiene enemigos escritores? ¿Quiénes son?
— Hay dos clases de enemigos: los imbéciles y los inteligentes. Curiosamente la mayor parte de mis enemigos son inteligentes. No puedo nombrarlos sin hacerles un elogio implícito, lo que es contradictorio con lo que intento definir. Literariamente la categoría de enemigo es una posición de lectura. Se trata de borrar un texto inútil, sacarlo de ahí. (Las mejores escrituras son excluyente.) No se puede ser un escritor sin tener enemigos: los enemigos son como la tradición, si no aparece hay que inventarla. (Pobre el escritor que no tiene tradición, decía Eliot.)

14) ¿Pertenece a algún grupo?
— El último grupo literario al que pertenecí fue el de la revista El traje del fantasma que editamos (1985.1988) con Juan José Saer y Juan Carlos Martini. No sé si una revista que sólo publicaba necrológicas y panfletos alcanza para construir un grupo.

15) ¿Cuáles son sus personajes de ficción favoritos?
— Stephen Dedalus y sus mellizos norteamericanos y semiargentinos: Quentin Com- pson, Holden Caulfield, Jorge Malabia, Silvio Astier. El joven artista que considera. con razón, que la realidad es inútil y que está manipulada por la policía. También me gusta mucho Hipólita, la renga, la que lee novelas ¡Sara aprenda a ser una puta y que en el final de Los lanzallamas. “con sus manecitas enguantadas”, se escapa con el Astrólogo.

16) ¿Qué personaje femenino se acerca a su ideal de mujer?
— Mujeres tan inteligentes y tan locas tamiz, Temple Drake o Candace Compson (Caddy).

17) ¿Qué frase de la literatura cita con más frecuencia’? —Triste la vida del gaucho siempre hablando en vaso.

18) ¿Cuales son los rasgos definitorios de su estilo?
— La ambición de escribir contra todos los estilos. (Para escribir hay que saber lo que no se quiere hacer, en mi caso no quiero el estilo canchero y “elegante” que define la media de la ex literatura argentina desde que se murió Roberto Arlt; ni el tono semiparódico y “popular” de los discípulos involuntarios de Bustos Domecq; ni las jergas de clase media de los ghettos parapsicólogos. Podríamos seguir toda la tarde definiendo lo que no quiero hacer y ése seria mi estilo.)

19) ¿Cuál de sus libros prefiere?
— Un libro que preparo como una obra maestra póstuma y que vengo escribiendo des- de los dieciséis años bajo la forma de un Diario. (No hay nada más idiota que escribir un diario para publicarlo después de muerto. En esa estupidez se define la forma del libro.) Hay un asunto femenino en las escrituras secretas, una especie de obligación de escribir a escondidas que es totalmente política. En ese sentido pienso ese libro como la con- tinuación del Museo de la Novela de la Eterna de Macedonio. Lo que viene después de los prólogos es el diario de un muerto.

20) ¿Qué efecto le producen las criticas sobre su obra?
— Es una lectura rara, produce un extraño efecto de voyeaurismo, corno si uno leyera una cana que no le está dirigida pero que lo tiene como tema. (Y quizá la correspondencia privada fue cl origen de la crítica literaria. Los artistas intercambiaban opiniones sobre “los amigos ausentes” antes de que el negocio periodístico y editorial obligan al ridículo traba- jo de escribir reseñas y notas de libros.) En general, los Críticos corren siempre con venta- ja porque pueden escribir lo que quieren y un escritor jamás va a contestar. De ahí sale ese efecto raro, como de carta robada. Incluso la buena crítica produce la sensación un poco irritante de que se ha recibido una letra destinada a otro. Faulkner tiene una historia muy buena sobre este tipo de circulación desviada en la trilogía de los &sopes.

21) ¿Cuál es la opinión sobre usted que más le molestó?
— Me molestaron las alusiones a la autocensura que se usaron para definir ciertos textos escritos durante la represión militar (entre ellos Respiración artificial). Jamás se me ocurrió ocultar lo que quería decir o sacar algo por táctica o por cautela. Los periodistas y los cronistas de sociales posiblemente usen ese método pero no los escritores. Ese es el libro que yo quería escribir y lo hubiera escrito igual en cualquier otro lugar. Un escritor no se autocensura, en todo caso no publica lo que escribe.

22) ¿Qué condiciones necesita para escribir?
— Escribo cada vez menos y por lo tanto necesito condiciona cada vez más mínimas. Por ejemplo levantarme temprano y no atender el teléfono hasta el mediodía.

23) ¿Cuáles son las etapas de su trabajo hasta llegar al texto definitivo?
— En general empiezo con una anécdota muy definida que se va transformando. La clave siempre es encontrar el fraseo justo. Puedo pasarme varios días dando vuelta hasta encontrar cl tono, ahí reside toda la inspiración. Cuando no está, se pueden redactar pági- nas muertas durante horas y escribir una novela en un mes. Cuando se encuentra el ritmo, esa música es la que construye la historia y define la anécdota, recién en ese momento se está escribiendo un relato. Se puede programar la trama, los personajes, las situaciones. cono. col el desenlace y el comienzo, pero el tono en que se va a contar una historia es un trabajo de la inspiración. En eso consiste el talento de un narrador. Obviamente por eso es difícil escribir, de lo contrario bastaría sentarse frente a la máquina y redactar cinco páginas todos los días. Esa es toda la diferencia entre los buenos escritores y la tropa que los sigue. El tono del teléfono, digamos. Algunos lo tienen desconectado toda la vida, otros parece que trabajan en Entel, como Laiseca por ejemplo, que estuvo varios años en teléfonos del estado.

24) ¿Qué está escribiendo en este momento?
— Acabo de terminar un relato de ciencia ficción que se llanta “La isla de Finnegan” y ahora estoy escribiendo una historia policial que transcurre en Avellaneda y en el Bronx. La clave del relato es que el detective se volvió loco pero nadie se da cuenta. El personaje central es un tipo que conocí en Nueva York. un puertorriqueño que estaba metido en un negocio rarísimo con una organización de venta de hielo líquido (después me enteré de qué se usa para embalar la heroína). Todo muy transparente, como el aire blanco de las cámaras frigorífica o la mirada de William Burroughs.

25) ¿Qué libro le gustaba haber escrito?
— Por supuesto me gustaría haber escrito el Diario de Kafka.

26) ¿En qué país hubiera elegido vivir?
— En la Argentina. No se elige un país como se elige un hotel del que uno se va porque no hay agua caliente. Estos años últimos los pasé afuera y mc gusta la idea de vivir en Nue- va York y puede so’ que el clan de facinerosos que manejan el estado nacional desde la época de Mitre logre por fin quebrar toda resistencia popular y se haga imposible imaginar un cambio y haya que irse, pero por supuesto voy a pensar que me voy porque me expulsan y no porque me interesa conocer nuevos horizontes.

27) ¿En qué época hubiera elegido vivir?
— Me hubiera gustado conocer a Roberto Arlt. Esto significa que tendría que haber vivido en cl año inmediatamente anterior al año en que nací. Por lo tanto, si quiero seguir y no morir en 1942, tengo que entrar otra vez en la época actual. En resumen, me gustaría vivir en la época en la que he vivido pero luego de haber vuelto atrás para empezar de nuevo. Me puedo imaginar la conciencia que tengo al enfrentar otra vez los acontecimientos de mi vida. Algo tendría que cambiar ya que he conocido a Roberto Arlt y ese hecho nuevo altera toda la cadena causal. Por ejemplo. no seria escritor. (También me hubiera gustado vivir en 1936, en Barcelona, durante el verano en que los anarquistas gobernaron la ciudad.)

28) Si le aseguraran impunidad, ¿a quién mataría?
— Si uno llega a querer matar a alguien no va a andar pensando en las consecuencias. La impunidad es menos necesaria que el odio, como diría el Petizo Orejudo.

29) ¿A quién resucitaría?
— A Lucía Jaureguí que murió en octubre de 1970, a los 20 años. Bajó una madrugada a comprar cigarrillos y un desconocido salió de un zaguán en Defensa y Humberto Primo y la mató a cuchilladas porque no quería que a esa hora las mujeres anduvieran sueltas por la calle.

30) ¿Cuál es el hecho militar que más admira?
— La deserción en masa de la cabellería entrerriana en los bajos de Toledo. Eran los mejores soldados del mundo y los más valientes pero se negaron a ir a pelear contra los para. guayos en la guerra de la Triple Alianza. Los habían convocado en un llano, como siempre se había hecho, pero cuando Urquiza se presentó y les dijo lo que iban a hacer. sencilla- mente se desbandaron, sin atender las órdenes. Ese día se terminó el poder de Urquiza.

31) ¿Cuál es la reforma que más estima?
— Los intentos de Sarmiento por reformar el lenguaje e inventar una grafía nueva para el español de América. Las marcas de la gramática utópica de Sarmiento sobreviven todavía en las ediciones originales de sus escritos; como Macedonio y como Arlt, Sarmiento llevó al límite la ilusión de un uso privado del lenguaje.

32) ¿Cuál es su personaje favorito en la historia argentina?
— Supongo que Alberdi, que vivió treinta años en el exilio y terminó loco. Algunos dicen que era un agente de Solano López, que le pagaba un sueldo, por lo visto vivía de eso. Nadie escribía como él, tenía un estilo soco y polémico que es único en el siglo XIX. Sus mejores textos son los inéditos. Escribía contra todos pero sólo para sí mismo. En eso es como Kafka: el hombre de la ley que escribe en secreto contra el estado, contra los burócratas, contra la camarilla de verdugos que manejan el poder. Al final de su vida sólo escribía alegorías y panfletos.

33) ¿Tiene o tuvo alguna militancia política? ¿Cuál?
— Nunca fui un militante político, pero siempre he sido marxista y en los años en que eso existía, antes de la matanza y de la conversión de los santos, estuve cerca de los grupos de izquierda maoísta. Una de mis primeras (y más permanentes) ideas políticas es que en este país las clases dominantes están constituidas por payasos y asesinos que vienen matando gauchos desde la época de Cornelio Saavedra. Actúan con la delicadeza y la elegancia de los secuestradores de Miss Blandish (para usar un símil literario).

34) ¿Tiene algún fanatismo?
— En una época era fanático del ajedrez. Jugaba todo el tiempo y cuando no jugaba analizaba partidas. Cuando uno aprende a jugar no puede creer que el juego sea un bello y que no tenga fin.

35) ¿Cuál es su cuadro favorito?
— “Si yo mismo fuera el invierno sombrío” de Frans Hals. (También me gustan mucho algunos retratos de escritores: el de Mallarmé que hizo Cézanne, el de Góngora que hizo Velázquez). Me gustan mucho los paisajes de Policastro.

36) ¿Cuál es su olor favorito?
— El olor del café.

37) ¿Qué deportes practica o practicó?
— Empecé a nadar en el Club Temperley a los seis años porque mi viejo había quedado muy impresionado con el naufragio del Princesa Mafalda y supongo que quería preser- varme de cualquier riesgo acuático. Fui uno de los nadadores más precoces de la literatura argentina y enseguida me gustó más nadar que caminar. Fui a la pileta durante años y bajé dos veces el record de los doscientos en el Club Temperley (lo que es lo mismo que nada, salvo que ahí había nadado Yantorno), pero la experiencia más increíble se dio cuando nos fuimos a vivir a Mar del Plata y durante cuatro o cinco veranos completos me la pasé metiéndome en el mar y no dando hasta no ver la costa. Es como perderse en la pampa, pero acostado y al fresco.

38) ¿Cuál es su comida predilecta?
— Las mollejas asadas y el matambre.

39) ¿Cuál es su bebida favorita?
— El agua mineral cuando me despierto a las dos horas de haberme dormido medio borracho.

40) ¿Tiene algún vicio o adicción?
— Empecé a fumar a los treinta años, cuando dejé de nadar, ésa podría ser una síntesis de mi relación a la vez lerda y sustitutiva con los vicios y las adicciones. Una cosa por otra: ésa es la estructura (de la sociedad capitalista). La auténtica manera de tener una adicción es tener una vida secreta. El modelo máximo del adicto es el Dr. Jekyll (y no el pobre Thomas De Quincey, que usaba el opio para escribir)

41) ¿Cuál es su nombre preferido?
— Una vez tuve un gato y le puse Pantaleón. Instantáneamente empezó a caminar como un puma. Si es cierto lo que dice Auden sobre los poetas y el nombre de los gatos se ve que la eficacia de un nombre sólo depende de quien lo lleva.

42) ¿Cuál es su chiste predilecto?
— Mi amigo Coco Martínez, que vive en Río Negro y hace teatro. se la pasa inventan- do cuentos camperos y la otra noche me contó dos que son muy buenos. Un gaucho viene al trote. por la llanura, bajo la luz del alba. A lo lejos, se ve un rancho. El paisano se va acercando y cuando ve que hay otro gaucho sentado a la puerta, lo saluda. “Linda mañanita...” dice el que pasa. “Me la tejí yo solo” contesta el otro y se la acomoda sobre los hombros. En el segundo hay una pulpería y entra un paisano y encara enojado para una mesa del fondo. “Decime Zoilo, vos estuviste diciendo que nosotros anduvimos a los besos cerca de la laguna”. Zoilo hace girar la copita de ginebra: “¿Yo? No he dicho nada”. El otro baja la cabeza: “Entonces nos han visto”.

43) ¿Qué materias eran sus puntas débiles?
— Siempre me fui a examen en botánica, en zoología, en biología. La naturaleza no es mi fuerte.

44) ¿Hay alguna ciencia que le interese particularmente?
— Sobre todo me interesa la construcción de los lenguajes artificiales que hay en la ciencia. Las formas abstractas que usan los científicos para describir el mundo tal cual lo piensan (y no tal cual se ve). Cuando una formulación de la física teórica coincide con la realidad, decía Einstein, quiere decir que está equivocada.

45) ¿Cuál es su música favorita?
— Me gusta mucho la Sinfonía n. 35 en Re Mayor K. 385 “Haffner” de Mozart. (En especial la variación Arlt.)

46) ¿Qué siente al cantar el himno nacional?
— Ganas de haber nacido en el siglo XIX.

47) ¿Cómo definiría la argentinidad?
—Como una tradición literaria.

48) ¿Convive con animales?
— Una vez tuve un gato. Vivió conmigo todo el tiempo que estuve estudiando en La Plata. Andaba siempre solo pero me reconocía de lejos, aunque yo estuviera en un grupo. Cuando en el ‘65 vine a vivir a Buenos Aires me lo traje pero se murió a los dos meses. Se lo envenenaron, me dijo el veterinario. Nunca.pude saber quién tuvo interés en envene- narme el gato. Desde entonces no tengo animales.

49) ¿En qué ocupa su ocio?
— Una tarde me pasé como dos horas mirando a una mujer que en un departamento del otro lado de la calle miraba televisión. Se había recostado en un sofá y de vez en cuando se limaba las uñas e incluso hablaba por teléfono sin dejar de mirar la pantalla. Ese podría ser un ejemplo de lo que entiendo por ocio: convertirme en alguien que mira, impasible. lo que hacen otros.

50) ¿En qué medida su condición de escritor ha influido en su relación con las mujeres?
— En general me han contado más historias y han sido más sinceras conmigo que si yo me hubiera dedicado a otra cosa (dicen ellas).

51) ¿Qué películas vio varias veces?
— En 1960 cuando vi por primera vez Sin aliento de Godard salí del cine Opera de Mar del Plata, saqué de nuevo la entrada y me senté en el mismo lugar para verla de nuevo.

52) ¿Qué medios de prensa lee?
—La nación.

53) ¿De qué vive?
— De la literatura.

54) ¿Cuál es su relación con el dinero?
— Falsa.

55) ¿Cómo imagina su momento perfecto?
— Algo se descubre.

56) ¿Qué día de su vida recuerda más especialmente?
— Una noche que gané muchísima plata en el Casino, el día en que conocí a Lucía Jaureguí, una vez que venía en ómnibus desde Mar del Plata y una pasajera se suicidó en el baño de una de esas paradas perdidas en medio de la ruta que había antes. Me acuerdo de un día muy frío, en el bar de Callao y Córdoba que hacía cruz con una librería donde yo había comprado Bakakal de Gombrowicz que acababa de salir. Estoy ahí, sentado a la mesa de la esquina contra la ventana, a punto de empezar a leer el libro. No siempre los días que uno recuerda especialmente son los días que ha vi. v ido.

57) ¿Qué le produce más vergüenza?
— Estar enfermo.

58) ¿A qué le teme más?
— A una pesadilla que se mc repite cada tanto: una tía que yo he querido mucho se vuelve loca y es telépata y en el sueño tiene el poder de no dejarme despertar.

59) ¿De qué se arrepiente?
— Me arrepiento de muchísimas cosas (me formé en un colegio de curas). El remor- dimiento es una gran máquina de la memoria: uno se fija en ciertos recuerdos que vuel- ven y son perfectos, de una nitidez proustiana peto malvados como un Water (un Oville, donde uno es el malvado).

60) ¿A quién desprecia?
— A los lacayos del poder (en este momento pienso en uno).

61) ¿Qué detesta por encima de todo?
— La trivialidad del mal.

62) ¿Cuál sería su mayor desdicha?
— No poder salir nunca de la repetición.

63) ¿Cuál es el principal rasgo de su carácter?
— La negación

64) ¿Cuántas horas duerme?
— Ocho horas.

65) ¿Cómo le gustaría morir?
— En la batalla de Maipú.

66) ¿Cree en Dios? ¿En cuál?
— Par supuesto Dios no es ova cosa que la necesidad de la trascendencia. La historia sin redención, decía Benjamin, no es más que un conjunto de ruinas y de catástrofes. La utopía es la patria de la pasión.

67) ¿Cuál es su divisa?
— Una cita de Mao Tse-tung: “De derrota en derrota hasta la victoria final”.

68) ¿Qué habría querido ser?
— Un filósofo presocrático.

69) ¿Para qué sirve un escritor?
— Para decir bien.

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